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La historia de Sydney, seudónimo de Ana, comienza con un intento de suicidio. Tras muchos años conviviendo con la bulimia y el Trastorno Límite de la Personalidad decide poner punto y final a su historia. Aun así y pese a todo pronóstico, nuestra protagonista sobrevive y, tras un periodo de recuperación en el hospital y en contra de su voluntad, es trasladada a la planta de Psiquiatría. Es en ese mismo momento es dónde empieza su verdadera historia, la que la ayudará a conocerse a sí misma y donde se reencontrará con las ganas de seguir adelante.

¿Y qué cosas son esas? ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Qué puede haber en este mundo tan precioso como para convencerme de que siga en él?

En su entorno familiar, nada hace presagiar que Syd, una abogada con una familia acomodada, está sumida en una caída libre sin control en la que el consumo de drogas, sumado a sus trastornos alimenticios y psicológicos y a sus constantes depresiones la han sumido en una situación insostenible cuya única salida es acabar con su vida. No obstante, los médicos consiguen salvarla y es ingresada en una planta psiquiátrica dónde pasará 37 días, aunque eso ella aun no lo sabe.

Nada más entrar en aquel lugar se da cuenta de que es muy diferente a todo lo que ella conocía, allí nuestra protagonista vivirá momentos duros y se sentirá incomprendida en un lugar repleto de normas y horarios muy marcados, pero también vivirá momentos alegres y divertidos gracias a personas increíbles con ganas de comerse el mundo y que harán que ella abra su mentalidad y se replantee su forma de ver la vida.

Tía, tú no estás hecha para terminar con todo en un puente. No estás hecha para caer. Ni para sobrevivir. Estás hecha para vivir, coño. Para disfrutar cada segundo. Para sacar el culo de esa silla y salir a comerte el mundo. Así que haznos un favor, a mí, al resto de la humanidad y a ti misma. Salva esos pies. Arregla esa cabeza. Y una vez hecho, vive

En esos 37 días de encierro, un día por capítulo, Sydney cuenta de forma informal todas las experiencias y anécdotas que retiene en su mente. Es en este diario donde conocemos la realidad de unas personas muy vulnerables en nuestra sociedad, ya que sus enfermedades no se ven a simple vista y tampoco tienen un tratamiento claro, eso hace que acaben injustamente tratados y marginados incluso hasta por un sector del personal de la planta.

Aun así, hay que recordar que todo lo que se narra no tiene por qué ajustarse del todo a la realidad, ya que se trata de la experiencia y las opiniones de una chica que utiliza esta autobiografía para relatar los momentos que más le han marcado de una forma muy real, sin caer en el tópico de la autocompadecencia y relatando situaciones conmovedoras que pasan de la tristeza y la desesperación a la amistad incondicional y el apoyo mutuo.

Lo que pretendemos es que estés. Que estés aquí. En este mundo. Con nosotros. Con tus pajaritos en la cabeza y tus manías, si quieres. Pero que esos pájaros no se te lleven volando. Porque no tienes alas, Syd. No las tienes. Quédate con nosotros. Por favor

Una de las características más singulares de este relato es que, pese a ser una autobiografía de las experiencias de nuestra protagonista, ella no deja de dar voz a las personas que viven estigmatizadas por sus enfermedades mentales, abre una puerta a la realidad que se vive en los centros psiquiátricos y desmiente mitos dañinos y prejuicios dando una oportunidad al lector de conocer una realidad diferente y original que nos muestra la importancia de valorar las pequeñas cosas de nuestro día a día. Pese a ser un relato muchas veces crudo y duro, lo relata de una forma amena y desenfadada, lo que consigue hacer sonreír al lector en muchas ocasiones con el estilo sarcástico y las anécdotas divertidas que allí ocurren.

En conclusión, esta biografía es una lectura amena, divertida y sarcástica repleta de enseñanzas sobre cómo se convive con una enfermedad mental gracias a la experiencia de la autora y dejando de lado los prejuicios de la sociedad para dar paso a un relato sincero, valiente y mordaz sobre cómo volver a querer vivir después de intentar acabar con todo.

 

 

Su nombre real es Ana y no Sydney. Es abogada, que tiene 32 años y vive en Madrid.

Estos son los únicos datos que conocemos sobre la autora de “Cómo volé sobre el nido del cuco”.

Aun así, al final del diario, la autora nos ofrece una cuenta de instagram para estar en contacto con sus lectores.

 

 

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