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Cuando una persona se embarca en un gran crucero con su pareja, siempre espera encontrar todo tipo de instalaciones y actividades programadas para pasar momentos inolvidables. Tener la opción de poder elegir un buen restaurante, pasear por la cubierta, conocer gente y hacer nuevos amigos, compartir una sesión de cine o tomar el sol mientras las olas mecen el barco a su compás.

Lo que nadie espera es que una oleada de robos sacuda el barco provocando en los pasajeros un sentimiento de incertidumbre y terror que aumenta a cada día que pasa sin que el culpable sea identificado. Es entonces cuando un barco de lujo puede llegar a convertir-se en una jaula de oro rodeada de agua, en la que todos comparten techo con un delincuente sin poder hacer nada al respecto.

Mis hermanos dicen que soy aprensiva, pero no es cierto. No me temo lo peor, lo peor está en todos lados. Incluido en este crucero

En esta situación se encuentra Ashley Perkins, nuestra protagonista, una chica con un triste pasado que vive anclada en una relación con Brad Rickman, un rico heredero obsesionado con la idea de dirigir la empresa familiar y muy apegado a su madre, una mujer cínica y superficial que aprovecha cada ocasión para dejar en mal lugar a la novia de su hijo, a la que considera una molestia en el brillante futuro de Brad.

Aunque hace un tiempo que la relación entre Ashley y Brad ya no es la misma y él la trata con bastante indiferencia, ella piensa que es una buena idea ir a un crucero con Brad y su familia, que en realidad es un viaje de negocios, con la esperanza de poder pasar tiempo a solas y salvar su relación. Con esa idea en mente, Ashley deja de lado sus malos presentimientos y la mala relación que mantiene con la familia de Brad para pasar ocho días a bordo del Artic Cruiser, un barco de lujo con infinidad de comodidades que, sin previo aviso, se convertirá en la peor decisión que podía tomar ya que Ashley verá muy poco a su chico durante el viaje, apenas podrá pasar tiempo a solas con él sin que sus padres estén presentes y además descubrirá que todos los robos están relacionados en mayor o menor medida con la familia Rickman y su empresa.

En cuanto a los personajes que aparecen en la historia me gustaría destacar a Esther, la madre de Brad, una mujer manipuladora y sin escrúpulos que disfruta poniendo en evidencia a cualquiera que no le siga la corriente y que no duda en humillar a Ashley en todos sus encuentros. La autora logra transmitir perfectamente al lector el ambiente de tensión que se respira entre ellas dos y hacen que compadezca a nuestra protagonista por no contar con el apoyo de casi nadie en esa familia (sólo cuenta con la simpatía de Lis, la hermana de Brad) y por sentirse tan sola en un barco repleto de gente, sentimiento que la acompaña durante gran parte de la novela hasta que conoce a Matt y él la ayuda a aliviar su pena.

Matt Walker también se merece una mención especial, él es un inspector de policía que debe poner fin a sus vacaciones en el crucero para poder investigar los robos de valiosas joyas que empiezan a provocar rumores e incertidumbre entre los pasajeros. Al ser el único policía a bordo, se ve obligado a ponerse al mando de las investigaciones al mismo tiempo que empieza a pasar tiempo con Ashley y a conocer las razones del sentimiento de tristeza y soledad que la envuelven.

Por otro lado encontramos a Brad Rickman, un chico joven y ambicioso que sueña con dirigir la empresa familiar que fundó su padre, aunque para eso tenga que demostrar continuamente estar a la altura de su predecesor y no defienda a Ashley cuando sus padres la atacan sin ningún tipo de consideración, alegando que sólo bromean para no tener que dar la cara por nadie más que por él mismo.

Me acurruqué en la cama, intentando ocupar el menor espacio posible, creyendo que eso me haría menos vulnerable. Pero cuanto más me encogía, más se encogía mi corazón

En cuanto a la historia, vamos conociendo poco a poco el pasado y el presente de Ashley al mismo tiempo que descubrimos la verdadera relación que mantiene con su novio y la familia de éste. Además, mientras profundizamos en el carácter y motivaciones de cada uno, nos vemos envueltos en una serie de robos que empiezan siendo poco más que una anécdota para acabar convirtiéndose en un peligroso rompecabezas que el inspector Walker tendrá que resolver antes de que el barco llegue a su destino y todos los pasajeros (incluido el culpable) vuelvan a sus casas.

Por otro lado, la pluma de la autora hace que el lector se mantenga continuamente intrigado, ya sea por el pasado de Ashley, la investigación de Walker, la incipiente amistad entre ellos dos, oculta a los ojos de Brad y su familia, o los juegos de poder entre Brad y su padre. El hecho de tener tantos frentes abiertos en una misma historia ayuda al lector a conocer a la protagonista en situaciones muy diferentes y a hacerse una idea global de las razones por las que actúa de esa forma.

Por último mencionaré que el final me ha dejado gratamente sorprendida, si la historia ya tiene un ritmo ágil y entretenido el final adquiere un ritmo vertiginoso que deja al lector con la boca abierta, ya que por mucho que crea conocer a los personajes nunca estará preparado para conocer la verdad que se oculta en los camarotes del Artic Cruiser y en la mente del culpable.

En conclusión, “Sin mirar atrás” es una novela ágil, directa y llena de sorpresas con un gran giro argumental que cambiará completamente el rumbo de la historia mientras se lleva a cabo una investigación a contrarreloj para descubrir a un culpable que hará peligrar la seguridad de todos los pasajeros.

 

 

 

 

Escritora independiente en proceso de construcción, aunque probablemente me lleve toda la vida aprender el oficio. Nací en la década de los ochenta y me encanta leer todo tipo de géneros, aunque mis preferidos son el crimen, thriller, misterio y young adult. Me gusta el cine de Tarantino y de Chris Nolan. Y entre mis géneros musicales preferidos se encuentra Willie Nelson, Queen, Frankie Valli y Jim Croce.

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