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La reseña de hoy está dedicada a los amantes de la ciencia ficción, las novelas distópicas y el ciberpunk aunque también recomiendo este libro a los que aún no os habéis iniciado en este tipo de lecturas y buscáis una buena historia que os motive a seguir leyendo este género tan especial.

“11,4 sueños luz” nos habla de un futuro poco prometedor, donde la superpoblación y las desigualdades sociales junto con la contaminación, la desesperanza y la pérdida de libertad han creado una sociedad dividida en dos facciones muy diferentes entre ellas, aunque todas comparten un temor que ha arraigado en su alma, el temor a sucumbir a un mundo perdido entre las sombras.

Los ricos viven encerrados en jaulas de oro, unas torres gigantescas que les proporcionan todo lo que creen que necesitan para que nunca pisen la planta 0 y se den cuenta de la terrible realidad. Allí les esperan los habitantes que no pueden permitirse vivir en esas torres, condenados a un futuro que les consume poco a poco y que les da muy pocas opciones para seguir adelante y tener una vida digna.

En una de esas torres encontramos a Ariel de Santos, un prestigioso creador de sueños vívidos con un tormentoso pasado que mantiene oculto a todo su entorno, formado por gente muy rica que pagarían lo que fuera por conocer sus secretos, una poderosa arma en una sociedad corrupta y voluble dónde el dinero puede comprarlo todo y el mínimo error puede pagarse muy caro.

“En un mundo donde todo se podía comprar y vender, las emociones puras eran de gran valor para aquellos que no podían tenerlas o querían más.”

El trabajo de Ariel es proporcionar a quien pueda pagarlo sensaciones únicas y tan variadas como revivir un primer amor, una conversación pendiente con una persona fallecida, el abrazo de un ser querido, una escapada secreta con alguien especial o sentir la brisa en un bosque repleto de sonidos (algo tan sencillo para nosotros y tan inalcanzable para los personajes de esa historia). Estos sueños vívidos se crean en un estudio mediante modelos que simulan esas sensaciones y que las transmiten a un ordenador gracias a un sensor que capta los estímulos de su cerebro.

Gracias a su trabajo, nuestro protagonista conoce a Joanne, una modelo del piso 0 que logra despertar en él sentimientos que ya creía apagados como el amor, la esperanza y el deseo de un futuro mejor.

“Callé unos segundos. Ninguna modelo me habría dicho eso. Nunca. Nadie en tan poco tiempo había calado tan dentro de mi. Era una locura.”

Durante las primeras 100 páginas, el autor nos la oportunidad de familiarizarnos con este entorno y con las leyes no escritas que lo rigen. Ariel, pese a la apariencia de éxito que le envuelve, está atrapado en una situación límite: Tras su fachada de emprendedor con un sentido de la belleza innato se esconde un inmigrante con un visado de ciudadano de clase B, adicto al trank (una droga legal globalizada) y chantajeado por un error del pasado que le ahoga en deudas mensuales imposibles de cumplir.

“Yo podía parecer uno de ellos. Pero no lo era. Ese era uno de mis secretos.”

Todo parece perdido cuando un negocio inesperado y muy bien pagado se le presenta a nuestro protagonista y le devuelve la esperanza que perdió hace mucho. Las neurorréplicas son un negocio en auge que aún no ha sido legalizado por el gobierno a la espera de alguien que las produzca de manera segura y profesional. Este invento es mucho más avanzado que los sueños vívidos y permite al consumidor estar la piel del actor que protagoniza el corto, eso significa oír, sentir, ver y oler todo lo que el actor o actriz sintió en ese momento. Aun así, ese negocio puede convertirse en una arma de doble filo si se buscan sensaciones muy extremas, pero Ariel confía en dar su toque personal a las cintas y llevarlas al éxito.

No obstante, detrás del telón empiezan a aparecer graves problemas cuando varias modelos desaparecen sin dejar rastro y Ariel, junto a Joanne, se ven envueltos en un juego de chantajes y traiciones muy peligroso que les pondrá en peligro a ellos y a todos sus amigos. La única opción para escapar de las garras de sus poderosos enemigos, por muy descabellada que pueda parecer, es salir para siempre del planeta Tierra y poner rumbo a un exoplaneta situado a 11,4 años luz.

Esa idea puede hacerse realidad si Ariel, Joanne y sus amigos logran clasificarse mediante todo tipo de pruebas entre los tripulantes del Proyecto Veluss, que se basa en naves generacionales que llevan a sus pasajeros a otros sistemas solares situados a años luz de la Tierra con el objetivo que la siguiente generación pueda habitar otro planeta y crear una sociedad mejor que el futuro que les puede ofrecer una Tierra que se está muriendo.

A los aspirantes no les importa pasar el resto de su vida en una nave, no llegar a ver nunca su destino o los problemas que puedan suceder durante el vuelo; vale la pena intentarlo si con ello pueden tener la posibilidad de formar una familia y tener una vida digna. Esas son las razones por las que Joanne se presenta a las pruebas.

No es así para Ariel, que se inscribe en el proyecto para no perder a Joanne y demostrarle que es capaz de superar las secretas e incomprensibles pruebas de Veluss.

Por último, me gustaría hablar de otro escenario donde transcurre una parte importante de la historia, el Jardín de Brin, nada menos que un mundo virtual donde cada jugador puede convertirse en lo que desee, adoptando cualquier apariencia. Una realidad virtual con tantas posibilidades, paisajes de ensueño y sensaciones por descubrir que muchos de los jugadores prefieren pasar la mayoría de su tiempo en ese mundo, aun sabiendo que no es real, antes que enfrentarse a la desoladora realidad. Es ahí donde Carlos, el mejor amigo de Ariel, pasa sus ratos libres y donde conoce a su amor platónico, otra jugadora llamada Andelain, la cual nunca ha visto en persona y quien parece conocer el secreto para superar con éxito las pruebas del proyecto Veluss.

En definitiva, “11,4 sueños luz” es mucho más que una novela de ciencia ficción, es una historia repleta de tramas muy bien desarrolladas, con personajes que no dejan de sorprender y giros argumentales que dejan sin aliento. Es la prueba de que la calidad no tiene por qué ir reñida a la fama o la popularidad y para mí es un placer poder dar a conocer obras como esta.

 

 

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