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El libro nos presenta la historia de Fiona, una chica de 17 años que vive en un pequeño piso con su padre y que tiene evidentes problemas con su alimentación. Además, su día a día se basa en intentar no llamar la atención en el instituto, consultar todas sus dudas existenciales en Yahoo Respuestas y desahogarse con Carmen y Max, sus únicos amigos.

A simple vista la vida de nuestra protagonista parecería bastante corriente si no fuera por el secreto que oculta Fiona y la situación en la que vive: Su madre murió en un accidente hace años y desde entonces su padre está sumergido en un trance que los neurólogos han llamado “Síndrome de Vernon y Tiffin” y que le incapacita para relacionarse y tener una vida normal. Por lo tanto Fiona debe hacerse cargo de su padre e intentar mantener su pequeña familia unida, ya que no tienen a nadie más que pueda acogerlos y sólo sus dos amigos y el portero de su edificio conocen su secreto y la ayudan en lo que pueden.

“El dolor no se puede ver. No tiene color. El dolor hace un agujero sobre las vidas de quienes lo sufren y los demás ni siquiera lo notan. Por eso parece que no tenga valor, ni significación, ni alcance, ni gravedad. Ni nada.”

A pesar de su situación, la vida de Fiona transcurre sin muchos cambios: No llamar la atención, aprobar en el instituto, no meterse en problemas y visitar la sección de precocinados del supermercado, su fuente principal de alimentos. Pero de repente todo su mundo peligra cuando Aurora, su tutora en el instituto, exige tener una reunión con su padre, con el que nunca ha podido hablar, y se presenta sin previo aviso en su casa junto a su tía Mirna, una mujer soltera, extravagante y peculiar que empezará a dar consejos a Fiona sobre cómo cocinar y vivir de una forma más saludable.

Y eso no es todo, ya que Fiona empieza a recibir de forma repentina unos mensajes anónimos en su muro de Facebook que la amenazan directamente con revelar su secreto, que irremediablemente la separaría de su padre y la dejaría en manos de un centro de menores.

Pero no todos los cambios son negativos, Alberto, el amor platónico de Fiona, vuelve al barrio después de años estudiando en el extranjero y sus caminos vuelven a unirse. Ellos se conocen desde pequeños y ya para entonces él la defendía de todos los que intentaban meterse con ella aunque esta vez Fiona tendrá que hacer frente a sus enemigos ella sola, ya que se entera que Alberto ha empezado a salir con Lylla, una compañera de clase que, junto a sus secuaces sin personalidad, se dedica a hacerle la vida imposible a Fiona en cuanto pisa el instituto.

“Recuerdo que Alberto hablaba un poco raro, tenía acento extranjero. Pero yo lo habría entendido aunque no hablara ningún lenguaje humano.”

La prioridad de nuestra protagonista durante toda la historia es llegar a cumplir los 18 años sin que su secreto salga a la luz y poder seguir cuidando de su padre hasta que él mejore. Entonces, sus alocados amigos le dan una idea tan disparatada cómo divertida que dará un vuelco a su vida: Apuntarse a un concurso de cocina dónde los jueces valoran los vídeos que los concursantes van colgando en Youtube. De esta manera podrá desviar la atención de su entorno hacia su reciente popularidad, hacerles olvidar los inquietantes mensajes anónimos y alejarles de su delicada situación familiar.

Pero, ¿Puede una chica que se alimenta a base de precocinados ganar un concurso de estas características? Por eso pide ayuda a la tía Mirna, que con sus locuras no sólo le enseñará a cocinar recetas fáciles y saludables, sino que le demostrará que con amor todo sabe mejor y le ofrecerá ese punto a apoyo de Fiona necesita.

Creo que tras esta sencilla historia se esconden reflexiones muy interesantes que vale la pena descubrir. Por ejemplo, la ansiedad de Fiona por la comida basura la provoca la constante preocupación de que alguien descubra su secreto y el no poder tener ningún punto de apoyo adulto con quien compartir las inseguridades de una adolescente. Ella se encuentra en un bucle del que no consigue salir hasta que Mirna le enseña un nuevo camino que le ayudará a dejar lo negativo atrás y centrarse en lo que de verdad vale la pena.

Y es que Fiona no cambia su modo de vida para gustar a Alberto, ella empieza a cocinar para hacer feliz a su padre, que no reacciona a ningún estímulo desde la muerte de su madre pero que al probar los platos de su hija parece feliz y satisfecho, y eso hace que Fiona vuelva a tener esperanzas en su recuperación y cocine cada plato con la ilusión de poder demostrarle así su amor.

A medida que vamos pasando páginas vemos como la chica insegura, triste y vergonzosa que sólo se preocupaba por superar un día más sin ser descubierta se convierte poco a poco en una persona valiente, que aprende a quererse y a valorarse, y que tiene esperanzas en conseguir un futuro mejor para su pequeña familia.

No obstante, no he podido entender cómo el personaje de Alberto empieza a salir con una chica como Lylla, que representa todo lo contrario a lo que él defiende, y no llega a darse cuenta que en realidad su novia disfruta haciendo la vida imposible a los demás, sobre todo a Fiona. Pero sí me ha gustado que Fiona pueda encargarse de ese problema ella sola sin la ayuda de Alberto, ya que eso le abre los ojos y por fin se da cuenta que no hay por qué tener miedo a alguien con tan poca personalidad que necesita sentirse por encima de los demás para ser feliz, y eso es una gran lección para todos los lectores.

Por último, me gustaría decir que me he reído mucho con los vídeos de Mirna y Fiona para el concurso de cocina. Mientras leía, en mi cabeza se iba formando la escena y entiendo perfectamente la popularidad que alcanzan los consejos de una mujer solterona y extravagante a una adolescente sobre el amor y la vida mientras se bebe una copa y cocina un apetitoso guiso.

“¿Y cuál es ese ingrediente secreto? ¿El amor? ¡Siempre dices lo mismo! No puede ser un ingrediente secreto si tú lo vas pregonando por ahí. Le quitas al asunto todo el misterio.”

En conclusión, “Tarta de almendras con amor” es una historia de esperanza y superación personal que nos enseña que lo más importante es sentirse a gusto con uno mismo y no tener miedo a los cambios. Es cierto que, a pesar de la difícil situación de la protagonista, el libro se centra en las partes positivas y nos envuelve en un manto de ironía y optimismo pero, ¿A quién no lo gusta un buen dulce de vez en cuando?

 

 

 

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